martes, 17 de marzo de 2015

Colacho Brizuela: “No hay que perder el Chango que se lleva adentro”


Por Magalí Jiménez de PUENTE ALADO - La música tiene la virtud de llevarnos a lugares y momentos, una pieza nos transporta a la niñez, a un viejo amor, a los amigos. A veces un simple acorde acerca a ese ser querido que está lejos o nos deja en el patio de la casa de la infancia. Nicolás Colacho Brizuela, conocedor de ello, llevó su vida en su guitarra, a través de ella, podía volver a su Rioja natal, o a su Buenos Aires querido, cuando su patria no era el mejor escenario para hacer aquello que la vida le había asignado, la música.

“Yo camino por el mundo. Soy pobre. No tengo nada.
  Sólo un corazón templado, y una pasión: la guitarra”. 
                                                                                                                            
Atahualpa Yupanqui

A Colacho Brizuela se le conoce por acompañar a Mercedes Sosa por casi dos décadas, juntos grabaron 27 discos y recorrieron el mundo. Pero su carrera no comenzó, ni terminó con ella, a pesar de que estaban destinados a compartir la música y refugiarse en ella. “La vida me llevó a tocar con Mercedes Sosa, toqué en el ´70 un par de veces por el interior de Argentina, después nos dejamos de ver y en el ´76 volví con Mercedes. Me fui quedando y empezamos a grabar, me quedé hasta el 80, en ese lapso vivíamos los dos entre Madrid y Paris. En el ´82 retomamos la carrera juntos y estuvimos 20 años ininterrumpidos”, recordó el guitarrista en esta entrevista con Puente Alado.

Hoy su vida sigue por esa senda, la de la música y según nos cuenta, piensa seguir transitando por ese camino: “viví siempre de la música no puedo dejar la música es mi trabajo soy un enamorado de la música, pero es un trabajo duro, el día que se me pase el entusiasmo dejaré la música, para mi es la pasión y eso me llevó por todo el mundo”.

Luego de Mercedes, su carrera continuó más ligada a otros géneros como el tango, el jazz y alguna chayita riojana, mixtura que puede apreciarse en Cuscais, el disco que grabó en dúo con la artista francesa NinonValder, o en su CD de tango que gestó junto al bandoneonista Rodolfo Medero.

Desde el 2011, su año se reparte entre Francia, donde tiene su dúo junto a NinonValder y trabaja brindando clínicas, y Buenos Aires, su hogar desde pequeño. Aunque también guarda un lugar para su pago riojano, donde se reencuentra con su familia y amigos, “siempre estuve muy ligado a La Rioja soy muy riojano, nunca perdí ni mi acento, no hay que perder el chango que se lleva adentro, siempre tengo muy presente a la provincia”,reconoce Colacho, que este año eligió volver a su Rioja a chayar, haciendo honor a aquella obra de Miguel Dorado.

Quizás sea la chaya aquello que le hace retornar a sus raíces aunque esté lejos, porque cada vez que puede, evoca a La Rioja con su música. Un ejemplo de ello es su nuevo disco, que tiene una maravillosa versión de la canción de José Jesús Oyola, “Adiós, Palomita adiós”. Fue la chaya también, la que le recordó en su exilio que estaba lejos de casa, “el desarraigo es duro, aquella vez que me vuelvo de Francia estábamos muy bien con Mercedes, pero me volví porque era terrible, yo ya hacía doce años que no vivía en La Rioja, pero nunca falté al carnaval por ejemplo”, recuerda con nostalgia.

Foto: Colacho Brizuela junto a Mercedes Sosa


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