viernes, 11 de febrero de 2011

Semblanza carnaval de la plaza en Los Molinos dpto. Castro Barros


"Del vientre preñado de aguas cristalinas de un cerro generoso como lo es EL VELASCO, tan sólo de esta mole gigante depende que los pueblos costeños tengan por siempre vida labriega, tranquila, solidaria y ese perfil festivalero. 

El departamento Castro Barros tiene sus vertientes milenarias de las que el nativo abrevó su raza, amasó la greda y cultivó en ingeniosas terrazas. 

Para ese diaguita cuando sus graneros o ramadas con vainas o mazorcas garantizaban el alimento por mucho tiempo era también el tiempo de las celebraciones, con danzas, alaridos, chicha y aloja, fiestas inclaudicables a la pacha mama, única dueña de todo ser que camina, crece y madura...

Los 300 años de simbiosis de dos culturas, nativas y españolas, le fue abriendo el paso de tierra adentro, criolla hecha de caballo, la que justito al año cabal le dedicaban tres días al carnaval atípicos para estos tiempos, pues el jinete con caja o tambor en mano montado en su mejor corcel salía por sendas pedregosas o torcidos callejones de LOS MOLINOS a cantarle al vecino coplas tristonas, lisonjeras, sencillas y cariñosas. 

Esa es mi fiesta decía un parroquiano, su gran oportunidad de cantar a toda garganta la alegría, la esperanza, su amistad y sus sentimientos de hombre pobre, sencillo pero tremendamente guapo por adentro. 

Corría el segundo mes del año 1985 el mes preferido por nuestras familiares veraneantes; los años próximos pasados los carnavales estaban desvanecidos y sólo los alegraban las vidalas entonadas por Gumino, Carlos Zárate, Domingo Nieto y algún otro colado, pacotas de a caballo que en otros tiempos eran numerosas. 

¡Los carnavales de cuánta se estaban apagando¡ 

Pero nace la decisión trascendental e histórica de todo un pueblo de revalorizar la cultura festival era de raíces profundas como lo son nuestros carnavales de cuánta. 

Vidalas vagualeras, chinas en ancas de los fletes, albahaca, serpentina y aloja y en cada casa una formación con tambores en mano y un permiso para cantar. Esto resultaba un homenaje a cada familia que se visitaba, por allí anda el carnaval decían los de otra banda. 

La decisión fue organizar por primera vez en la plaza San José de Los Molinos. 

La tarea fue de todos pero la responsabilidad fue todo un desafío para darle la mística, el rito, el sentido, la publicidad, la movilidad, en ese esfuerzo lleno de confianza resalta la figura de José Suárez su esposa Anita, sus hijos, la sumatoria de Florentino Zárate, la capacidad organizativa de Jesús Narbona y Juan Narbona, en la locución Fernando Pedraza aportando datos culturales e históricos del pueblo, del Aimogasteño y bien recordado Armandito Díaz y tras ellos la juventud hermosa` de Los Molinos y no habrá quedado un vecino sin que haya hecho su aporte en esta empresa que era de todos por el renacimiento de nuestros carnavales, entrañablemente nuestros y queridos. 

La señora copla dice vamos a la plaza que hay mucho ver, un caballo blanco pintado en papel. 

He aquí el nombre de nuestro festival CARNAVAL DE LA PLAZA. 

Año tras año iremos a la plaza San José de Los Molinos, hay mucho que ver: EL CHASQUI, símbolo de ser un mensajero de tan hermosas raíces culturales que las heredamos y las trasbasamos a nuestros hijos y nietos para que las hagan perdurar en el tiempo y esta identidad sea un pedazo de nuestra nación. 

Las pacotas a caballo, el vidalero con tambor en mano, coplas de cuanta. Que representan una raza criolla, riojana y argentina. 

El Festival de la Plaza en Los Molinos, es simplemente un sentimiento celeste y blanco. 

Se lo organiza en familia, se lo conduce en familia y se busca que se lo viva totalmente en familia.

Haciendo un paralelo con los versos de una milonga decimos los molinenses "No venga a medir mi pueblo con ojos de forastero que no es como ud. lo ve sino como nosotros lo sentimos", que donde haya un encuentro con amigos, donde a haya un canto de amor a la tierra y un caminar armonioso de pueblo con sus autoridades habrá siempre ese camino de pueblo con destino asegurado. 

FERNANDO PEDRAZA

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