domingo, 13 de noviembre de 2011

EDITORIAL: LA OBEDIENCIA DEBIDA MUNICIPAL


Las leyes de Punto Final y Obediencia Debida decretadas por el presidente Alfonsín en 1987 libraban de toda responsabilidad a los representantes castrenses que participaron en la represión, Hoy, bajo la legitimidad constitucional y con la invocación de Dios, fuente de toda razón y justicia se está por perpetrar otro crimen de lesa humanidad y lesa naturaleza. La cadena de mandos que lo ordena, comienza en las empresas mineras multinacionales, sigue por los jefes de estado, continúa por los gobernadores provinciales y termina en los intendentes municipales. Todos obedecen sin chistar.

Las leyes de Punto Final y Obediencia Debida decretadas por el presidente Alfonsín en 1987 libraban de toda responsabilidad a los representantes castrenses que participaron en la represión. Se pretendía el olvido, el perdón de esos hechos pasados.

Creo que hubo un mal entendido
Yo a vos no te quise matar;
Las ordenes no se piensan, se cumplen y ahí estas.
La obediencia tiene sus temores.
Más importa la seguridad
Y hoy sos un número que gira, ¿Dónde estás?

Yo tuve un perro y una profe
Que me enseñaron a olvidar,
Inesperadamente fui feliz
Pero no lo puedo recordar

Estos versos de una canción popular, son un duro testimonio  y una lección que no debemos olvidar. Es cobarde de olvidar fatales errores, e ilusorio pretender que los pueblos olviden sus heridas irremediables, por leyes o tramposa persuasión.

Aquellos crímenes a que alude la canción estaban perpetrados por una junta militar golpista, fuente de toda irracionalidad e injusticia. Se habían negado todos los derechos constitucionales.

Hoy, bajo la legitimidad constitucional y con la invocación de Dios, fuente de toda razón y justicia se está por perpetrar otro crimen de lesa humanidad y lesa naturaleza. La cadena de mandos que lo ordena, comienza en las empresas mineras multinacionales, sigue por los jefes de estado, continúa por los gobernadores provinciales y termina en los intendentes municipales. Todos obedecen sin chistar.

Como la ciudadanía no se encuentra aterrorizada por torturas y desapariciones, se apela a la vergonzosa dádiva y al engaño que tan buenos resultados dan a la política nacional. Seremos ricos, sanos y viviremos en el paraíso libre de contaminación radioactiva.

Tengo serias razones para creer que nuestro popular intendente Del moral, no ha pensado seriamente el asunto ni ha reflexionado críticamente en los peligros que corre él, su mamá, hermanos, sobrinos, menos aun, los riesgos que corren sus amigos, punteros y pueblo costeño. Si así lo hiciera, consultaría a expertos no corruptos, verificaría los daños de La Lumbrera y cuestionaría aunque sea débilmente al gobierno Provincial semejantes posturas y decisiones.

En esta tesitura, tendría que leer las estrofas que siguen, a modo de justificaciones de errores colaterales:

Creo que hubo un mal entendido
Yo a  vos no te quise matar;
Todo aquel que abusa de la vida,
“muere acá”
La obediencia tiene sus temores
Espero que lo sepas disculpar
La mal escondida  ¡te encontramos!   ¿Dónde está?

Me fijo en la inconciencia tranquila
Después de no volverte a ver
Pensando que te iba  encontrar  pero no volviste aparecer
Pensando que te iba encontrar (pero no volviste aparecer)

Para vivir, sobrevivir y poderla contar, la única alternativa que tenemos los riojanos es usar de LA DESOBEDIENCIA DEBIDA.

En definitiva, los riojanos ya hemos creado defensas naturales para sobrevivir al subdesarrollo, a la corrupción,  a la ineptitud, al desamor y a la vergüenza oficial. Pero no hemos creado anticuerpos para la radiación nuclear y la destrucción del paisaje, nuestro cuerpo grande.

Nuestro Intendente tiene una gran responsabilidad MORAL, con su pueblo, si le da el cuero para hacerle honor a su apellido y a sus deberes.

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