jueves, 20 de octubre de 2011

LA LLUVIA Y LOS PAJAROS


La lluvia de la madrugada del miércoles y la foto de nuestro compañero Pablo Andrada, que por cierto fue muy saludada en el facebook de la radio, inspiraron a Félix Guerrero. A continuación el resultado del encuentro con las musas.

La noche había completado casi, su ornamentación de estrellas cuando nos metimos al hogar a anochecer con música y lecturas, desentendidos de los quehaceres climáticos. El sueño había puesto su pesada mano sobre mis párpados, y estaba ya navegando en el rio fantástico de los sueños, cuando el ritmo sincopado del goteo me trajo lentamente a la realidad: un, un dos tres, un dos, un… ¿Llueve? Llueve.

Hasta que tome plena conciencia  de que este maravilloso fenómeno de la naturaleza estaba con nosotros, la lluvia bailaba sobre los techos y los arboles, con ritmo de rock. Hera esa misma lluvia que bailaba sobre el corazón apenado de Neruda en la Isla Negra y la que mojaba las negras uvas y las reminiscencias de Borges.

Pero en La Costa riojana, como en toda La Rioja, la lluvia es una fiesta. Una fiesta para la que casi nunca estamos correctamente preparados. Cuando suena la advertencia del trueno, pensamos en las débiles defensas  del pueblo que debieran contener una repentina creciente, en las lluvias internas de las casas con techos mal construidos, en las cosas que quedaron afuera y podría arruinar la lluvia, en los pájaros sin nido y en los gatos reacios a la mojazón.

¡Los pájaros! Por la mañana gloriosa, mientras caminaba feliz hacia la panadería para festejar adecuadamente y con pan caliente la fiesta pluvial, reparé que en la algarabía de los pájaros había notorias ausencias: no estaban las Reinas moras ni los Reyes del bosque ¿Qué paso con la monarquía alada? Brillaban por su ausencia los Horneros y los Pájaros carpinteros ¿Qué pasó con la clase trabajadora de los pájaros? Ya gravemente alarmado caigo en cuenta que los Zorzales, pájaros poetas por excelencia también estaban ausentes. Ya mi frugal desayuno no iba a ser una fiesta. Vencido recité con amargura estos versos de Juan Ramón Giménez, el poeta dolorido:

Arriba canta el pájaro y abajo canta el agua.
(Arriba y abajo, se me abre el alma.)

Entre dos melodías la columna de plata.
Hoja, pájaro, estrella; baja flor, raíz, agua.
Entre dos conmociones la columna de plata.
(Y tú, tronco ideal, entre mi alma y mi alma.)

Mece a la estrella el trino, la onda a la flor baja.
(Abajo y arriba, me tiembla el alma.)


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