martes, 15 de marzo de 2016

Indio en Tandil "Crónica del show más emotivo"

Fenomenal por donde se la mire, la “misa ricotera” se dio cita nuevamente en Tandil. Allí  una marea de 200 mil ricoteros cubrió el hipódromo de la Ciudad,  para vivir  un  reencuentro  histórico.  Tras quince meses sin subir al escenario,  incertidumbres respecto a su salud  y un retroceso político inesperado en el país, Carlos Alberto Solari, “el Indio”, mostró su humanidad y grandeza artística. Fue una presentación que quedará para la historia.  Un contingente riojano, en el que también viajaron corresponsales de La Bocona,  fue testigo de ese suceso, pero esa historia quedará para más adelante. Le presentamos ahora, una muy completa  crónica  publicada  por   “Redondos Subtitulados”,  un portal de Faceboock, especializado en el Grupo.


Crónica del show más emotivo (por redondos Subtitulados)

Después de quince meses sin subir a un escenario, Indio Solari se reencontró con su público en Tandil, el sábado pasado. Para todos nosotros -sus seguidores- fueron meses difíciles, angustiantes, tras haber anunciado a principio del año pasado que estaba atravesando desde hacía mucho tiempo una “enfermedad malvada”.

El show se había anunciado para las 21.30 horas. Desde que se abrieron las puertas el ingreso de fanáticos fue incesante. Poco a poco las banderas y las remeras estampadas con el rostro y las frases de Solari fueron cubriendo cada centímetro del Hipódromo de Tandil. La producción esperaba 120 mil personas, pero era evidente que la cifra final se acercó a los 200 mil.
A diferencia de anteriores presentaciones en la ciudad, la producción decidió armar el escenario más atrás, casi sobre el final del hipódromo, dejando más espacio para el público. Para que tengan una idea de la magnitud de la concurrencia, el hipódromo mide 1000 metros de largo y poco más de 250 de ancho: estaba repleto en toda su extensión. Diez enormes torres de sonido (“demorados”) permitieron que el show se escuchara con claridad desde cualquier sector del predio. Si contamos la dos del escenario, en total diez pantallas permitieron seguir el show. Otra pantalla enorme, ubicada detrás de la banda, mostraba imágenes animadas relacionadas con la canción que interpretaban. La iluminación estaba perfectamente sincronizada con las melodías, y cambiaba entre tema y tema. Fue una puesta en escena que nada tuvo que envidiarle a los grandes shows internacionales.

En la semana previa al concierto el productor Matías Peuscovich, encargado de la organización del evento, había adelantado a la prensa que el recital iba a ser “impresionante desde lo técnico, la imagen y desde el sonido; va a estar a la altura de lo mejor que se pueda escuchar en el mundo. Hemos aprovechado la gira de los Rolling Stones y cuando terminó el show en la Argentina utilizamos parte del equipo de Estados Unidos y de acá para el Indio en Tandil". Los que estuvimos el sábado en el hipódromo pudimos confirmar que Peuscovich no mentía: el sonido fue poderoso, arrollador, sin fisuras.

Pocos minutos antes de las 21 horas el fresco viento serrano ya se hacía sentir. Algunos se pusieron todo el abrigo que habían llevado. Otros se abrazaron con sus novias. Muchos se sentaron cerca de sus amigos, y compartieron alguna bebida espirituosa. Todos esperaban ansiosos el comienzo de la misa india.
De pronto, y para sorpresa de muchos, las pantallas que hasta ese entonces mostraban las indicaciones de seguridad comenzaron a enfocar al público, esa inmensa marea de ricota que crecía a cada instante.

Pasadas las 21, y cuando todavía faltaba media hora para el arranque, las cámaras enfocaron una silueta oscura de pie en el fondo del escenario. Cuando las luces se encendieron nos sorprendimos. Con paso decidido, micrófono en mano y lentes oscuros avanzó hacia el frente Carlos Alberto Solari. El hipódromo tembló en una ovación ensordecedora. Las cámaras enfocaron el rostro del Indio: estaba serio, se lo notaba preocupado. Sin hablar, con gestos, agradeció el cariño y pidió silencio. Desde todos los sectores comenzaron a escucharse los cantitos en su honor. Solari acercó el micrófono a su boca y visiblemente emocionado nos indicó que tenía que contarnos algo. Fue instantáneo: todos enmudecimos y fijamos la vista en el escenario, o en las pantallas, a la espera de sus palabras. Entonces el Indio -con la voz entrecortada- habló, abrió su corazón, desatando el llanto de impotencia de muchos fanáticos. Transcribo sus palabras textuales, para que el mensaje no pierda fidelidad:

"Si me pueden escuchar se los voy a agradecer mucho. Quiero decirles algo que tengo necesidad de decirles. Si me escuchan les voy a agradecer mucho. Anda circulando en internet una versión de que estoy enfermo... y es verdad... Mister Parkinson me anda pisando los talones... Pero bueno, digo, ¡aquí estoy! Digo, hace rato que eso pasa. No me van a bajar del escenario así nomás. No hagamos una tarea de esto. Todo el mundo tiene algún conocido, algún pariente que tiene alguna enfermedad. A cada uno le toca... ésta es la vida, la vida es así”.
Fue una patada en el pecho escuchar a Solari hablar de su enfermedad. Los rumores, al fin, se hacían ciertos. Recordemos que el año pasado, en una entrevista radial con Mario Pergolini, había confesado que padecía una “enfermedad malvada”: “es una enfermedad que hay que tomarla en cuenta, pero no es cáncer, ni HIV ni nada contagioso, pero hay que tomarla en cuenta porque te va invalidando. (…) "Yo seguro que un último concierto voy a dar, estamos a la espera, estoy en tratamiento, llegará un momento en que llegaré a una meseta… pasa que esto es muy dinámico. Es la vida, c'est la vie, que te alcanza", finalizó, parafraseando a Celeste Carballo.

Fue un acto muy valiente e inteligente enfrentar a todos y revelar su estado de salud. La verdad siempre alivia y echa por tierra las especulaciones que desde las redes sociales y la prensa se propagaron el año pasado. Quizá el capítulo más doloroso del circo mediático que se montó durante el 2015 lo protagonizaron -acaso involuntariamente- el propio Indio y Skay Beilinson: consultado por el Diario de Cuyo sobre la enfermedad de su ex amigo, el flaco declaró que “el Indio es un gran fabulador. No sé si lo que dijo sea falso o verdadero, pero de todas maneras, ojalá sea algo pasajero y nada grave de ser cierto”. También dijo que la separación de Los Redondos no obedeció a la “custodia artística” de los videos, sino a un desgaste natural de la relación. La respuesta de Solari no se hizo esperar. A través de un comunicado, le hizo saber a su ex compañero redondo que “las mentiras no se cuidan entre ellas. El mentiroso es el encargado de esa faena. Pero a veces la memoria cancerbera falla y las mentiras se escapan. Esta vez olvidaron, entre otras cosas, que "la señora" aseguró en una entrevista que todo el material estaba protegido en una caja de seguridad de "un banco" (debe ser muy espaciosa, pues el crudo estaba, en su mayoría, en soporte VHS). Ahora solo existen, según "el señor" en mis mentiras y en mi imaginación. El resto de lo dicho (sus dudas ante un fabulador que se inventa una enfermedad importante) se describe, con simpleza, como una canallada.”

Como podrán ver, tan extensa es la grieta que los separa que ninguno de los dos se toma la molestia de agarrar el teléfono para decirse personalmente lo que piensan del otro. En el medio, nosotros, que los admiramos por igual, sangramos con cada palabra hiriente.

Luego de revelar los detalles de su estado de salud, un Solari más aliviado continuó su alocución, anunciando oficialmente los cambios en su banda. Hernán Aramberri y Marcelo Torres dejaron de formar parte de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, aunque el Indio se encargó de aclarar que “nadie se va de los Fundamentalistas” y que “se siguen llamando igual, nada más que hay otros integrantes”. Uno de los ingresos fue Axel Lang, “que es técnico de Abbey Road, que él fue el que me dio una mano para que se limaran las asperezas con el ‘team’ de allá para hacer el DVD. El otro es ‘Tambor Saez’, el hijo de mi manager, que tiene una banda que suena muy bien, que se llama ‘Buenos Aires Karma’... Y después está ‘Muchacho’, un bajista notable que hemos encontrado, y que ustedes mismos van a poder juzgar cuando escuchen a la banda”. Se refería a Fernando Nalé, ex Cerati, que se reencontró con Martín Carrizo, ahora a cargo de la batería fundamentalista, con quien en su momento compartió banda junto al ex Soda Stereo. También se lamentó por la ausencia transitoria de Pablo Sbaraglia por un drama familiar, que fue reemplazado por Lang y Saez en esta ocasión.

“En pocos minutos estamos aquí para hacer una noche de vuelta como nos merecemos", dijo finalmente, y se perdió tras bambalinas.
A las 21.30 hs en punto la habitual intro de música trival, acompañada por la voz en off de Solari, anunció el esperado comienzo del recital. Los inconfundibles acordes de “Nuestro amo juega al esclavo”, primera canción de la noche, desataron la locura colectiva. “Mucha tropa riendo en las calles / con sus muecas rotas cromadas /y por las carreteras valladas / escuchás caer tus lágrimas”, aulló Solari, ahora más sonriente y distendido luego de haberse quitado la pesada mochila que implicaba ocultar su enfermedad.

Mucho se había rumoreado durante las últimas semanas respecto de la inclusión de esta canción de protesta en el setlist, teniendo en cuenta el cambio de signo político en la presidencia de la Nación y la afiliación política del Indio, según lo que ha declarado públicamente. Casualidad (o no tanta), el concierto comenzó con este clásico de “Bang bang.. estás liquidado!”, que no cantaba en vivo desde abril de 2001, cuando Los Redondos se despacharon con una fecha doble en Montevideo.

Luego vinieron varias canciones de su etapa solista: “Pedía siempre temas en la radio”, “Porco Rex”, “Tatuaje”, todas de su disco “Porco Rex” y convirtió el hipódromo en un boliche con “El charro chino”, de su primer CD, que no interpretaba desde 2005, casualmente también en Montevideo, pero aquella vez junto a Los Fundamentalistas.

Y para terminar el primer tercio del recital nos conmovió con una seguidilla de canciones ricoteras que nunca había cantado con su banda solista: “Esto es to to todo amigos“, que presentó como una canción que sin querer se anticipa a la tragedia de Cromañón, aunque fue compuesta muchos años antes, “Gran Lady”, (“una pequeña aventurita”, aclaró), “Salando las heridas” y “Ella baila con todos”. Antes de retirarse al camarín, entre todos esos clásicos ricoteros incluyó “Ramas desnudas”, de su discografía solista.

El buen humor del Indio fue cambiando paulatinamente a medida que un sector del público lo desafiaba arrojándole zapatillas y botellas. Durante muchos momentos del show se dirigió a sus seguidores, pidiendo que no le tiraran cosas porque era peligroso, y porque la banda se desconcentraba. Las cámaras tomaban a Solari gesticulando con la gente, tratando de calmarlos. Incluso se cambió de sector para calmar las aguas. Nada de eso apaciguó a un grupo de imbéciles, ubicado cerca del escenario, que se había infiltrado entre el público ricotero que disfrutaba del show. Era evidente que estaban dispuestos a arruinarle la fiesta a los casi 200 mil redonditos que habían esperado (y ahorrado) durante catorce meses para presenciar la misa india.

Entre enojos y malestar, el grupo tocó “Todos a los botes!”, “El arte del buen comer”, “Torito es muerto, “Ceremonia durante la tormenta”, “A la luz de la luna”, “Las increíbles andanzas del Capitan Buscapina en Cybersiberia” (“dedicado a Walter”) y “Es hora de levantarse querido, (dormiste bien?)”, el legendario palito a Polimeni, que tampoco había sonado en los recitales Fundamentalistas.

Durante la intro de “Barbazul versus el amor letal”, la bella canción de “Gulp!” que tampoco había cantado en sus shows solistas anteriores, voló hacia el decorado otra zapatilla. Furioso, Solari abandonó el escenario mientras los Fundamentalistas cancelaban la canción. Uno de los músicos tomó el micrófono (creo que fue Martín Carrizo), y pidió: “loco dejen de tirar cosas, por favor, por respeto al Indio”. Algunos segundos después Carlos Alberto reapareció sobre el escenario, y demostró por qué lo llaman “Indio”. Entre gritos explicó que no era por respeto a él, sino por respeto a todos que tenían que dejar de arrojar cosas, que era peligroso, incluso para el mismo público. Y a modo de sanción decidió cancelar “Barbazul”. Esta vez los violentos triunfaron, amargándonos a todos parte de la fiesta.

El show siguió con “Luzbelito y las sirenas”, y se metió en la recta final con otro clásico redondo que nunca habíamos escuchado en los conciertos solistas: “La Parabellum del buen psicópata”. Después vino una exquisita versión de “Había una vez”, con el Indio haciendo los coros, que superó incluso a la gran versión incluida en “Pajaritos, bravos muchachitos”.

Antes de presentar “Vino Mariani”, explicó que el título de la canción no se refería a una persona llamada Mariani, sino a una bebida popular de principios del siglo pasado, que se preparaba con vino y coca, que era muy apreciada por artistas europeos como Caruso que viajaban hasta Manaos para beberla (alguno que otro gritó “¡Grande Manaos!”, desatando carcajadas alrededor).

Siguió con “Adieu bye bye aufwiedersehen”, “Por qué será que Dios no me quiere” y desató la locura total con los últimos tres: “Rock para los dientes”, que no cantaba desde el año 2001, “Flight 956” y “Jijiji”.

“El pogo más grande del universo”, como bautizó tiempo atrás el propio Solari, tuvo un nuevo y asombroso capítulo. Ninguna de las casi 200 mil almas que ese sábado 12 de marzo de 2016 colmaron el hipódromo de Tandil fue indiferente a la energía colectiva que desprendió esta canción.

Luego vinieron los fuegos artificiales que iluminaron las sierras tandilenses y la salida. Más allá de sus palabras iniciales, pudimos ver un Solari desplazándose con agilidad por el escenario, “arremolinando” muchas veces, y cantando con potencia. Probablemente haya sido su mejor performance desde los conciertos de La Plata en 2008.

Hace un tiempo su manager, Julio Saez, había confesado que estaba en los planes realizar dos shows este año. Habrá que creerle cuando entonces declaró que “de fin, esto, no tiene una mierda...”

Redondos Subtitulados

Lista de temas:
01 Nuestro amo juega al esclavo
02 Pedia temas en la radio
03 Porco Rex
04 Tatuaje
05 Charro chino
06 Esto es to-todo amigos!
07 Gran Lady
08 Salando las heridas
09 Cruz Diablo!
10 Ramas Desnudas
11 Ella baila con todos
12 Todos los botes!
13 El arte del buen comer
14 Torito es muerto
15 Ceremonia durante la tormenta
16 A la luz de la Luna
17 Las increíbles andanzas del Capitán Buscapina en Cybersiberia
18 Es hora de levantarse, querido! (Dormiste bien?)
19 Barba azul vs amor letal
20 Luzbelito y las sirenas
21 La parabellum del buen psicópata
22 Había una vez
23 Vino Mariani
24 Adieu! Bye Bye! Aufwiedersehen!
25 ¿Porque será que Dios no me quiere?
26 Rock para los dientes
27 Flight 956
28 Ji ji ji


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