miércoles, 19 de agosto de 2015

MOLESTANDO SUEÑOS


Por Félix Guerrero - Venido de un sueño insurrecto, ha dado en trovar, el poeta costeño, hace un tiempo ya, y ha dejado su marca de rebeldía, como marca territorial  de perros, en las paredes de muchos soñadores de grandezas efímeras. Ramón Cabello es su nombre de guerra; Tincho para los vecinos de Anillaco y sus amigos.

Blasfemó de madrugada, con los iracundos cabellos en vuelo, estos sacrílegos versos:

He molestado todos los sueños
los he violado alcoholizado
los infamé hablándoles de recuerdos
tuve que salir a recapitular
mareos y desilusiones.

A pedirle cuentas al aire
de su vital incandescencia en cuestiones de este tipo
yo llevaba hojas de laurel en los bolsillos
silbidos anónimos que se iban noche arriba
por las cunetas.


El profundo paisaje humano de los pueblos de La Costa (departamento Castro Barros, para los amantes de los mapas), ha dado un prócer broncíneo, exitosos políticos de facinerosa hechura, nobles cultores del teatro costumbrista, bailarines de cuño vernáculo, cantores chayeros resucitados en cada Febrero, tejedora de paisajes, tenaces cortadores de piedra, herreros deslumbrados por el fuego, tranquilos criadores de cabras, agricultores de terrenal estampa, estudiantes que escriben su historia colectivamente, una nostalgia de trigales y un joven poeta de cabellera hirsuta y corazón rebelde.

Ramón Cabello es su nombre de guerra; Tincho para los vecinos de Anillaco y sus amigos. Está anotado en el Registro Civil como Martin de la Fuente.

Los años de neoliberalismo que recorrieron nuestro país durante una década, la década menemista, a modo una tormenta de lluvia ácida para la gran mayoría de los argentinos y como una lluvia de pesos-dólar para sus amigos, dejaron también como signo de los tiempos que se vienen a un aguerrido niño infructuosamente sobornado por el poder de turno. Ese niño, a contrapelo de la sumisión instituida, se expresa por boca de los poetas como Ramón Cabello.

Los sueños molestados por el poeta, son, sin lugar a dudas, esos sueños fastidiosos, ilógicos, atemporales, desquiciados, desesperantes, de los fieles consumidores de todo excremento proveniente de nuestra sagrada sociedad de consumo instalada a mentira, sangre y fraude desde hacen ya décadas.

Ejerciendo el noble derecho al pataleo, pero con arte, esta poesía de, Ramón Cabello viene a  remozar la rebeldía y a ratificar nuestra fe en los jóvenes como constructores de utopías.

Si querés conocer más sobre la poesía de Ramón Cabello:
 http://apuntesdeloquehabiasido.blogspot.com.ar/

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